Bye-Bye Titi : una historia de destete

Sábado 4 de marzo

A 16 semanas de amenorrea

 

Yo había planeado que ocurriera de otra manera. Mi esposo es de origen libanés y tiene una enorme y adorable familia en el Líbano que yo quería que mi hijo visitara un día durante al menos dos semanas, ése sería el momento oficial de nuestro destete. De todas formas, las tomas en el último año eran cada vez menos, y se limitaban al ritual de la noche, y a veces a una toma mañanera al despertarse.

 

Había planeado incluso que este viaje tuviera lugar hacia sus 7 años, así él habría disfrutado de todos los anticuerpos diseñados especialmente para su organismo por mamá, hasta el momento aproximado en que su sistema inmunológico ha terminado de desarrollarse. Esta estimación fue obra de la antropóloga Katherine A. Dettwyler, PhD, en su libro “Breastfeeding : Cultural Perspectives” (para leer más acerca de este concepto, puedes leer ésta entrevista en inglés del sitio web de la Asociación Internacional de Consultores de Lactancia ILCA).

 

Pero estoy embarazada de 16 semanas, y la lactancia durante este embarazo fue un reto. Cuando una madre lactante queda en embarazo, suele haber una disminución radical de la cantidad de leche hacia el final del primer trimestre de gestación. Algunos bebés continúan deseando amamantar, pero únicamente por el placer de la succión ya que puede no haber nada que salga. Es lo que llaman “lactancia al vacío” (“tétée au vide” en francés).

 

Mi hijo nació con frenillos lingual y labial , su frenillo lingual fue seccionado en el hospital materno a los 5 días de nacido, lo cual mejoró significativamente el agarre del seno que hasta ese momento había sido doloroso al extremo y maltratante. Las grietas que intentaban cicatrizarse gracias a la lanolina pura que aplicaba, se reabrían de nuevo con la siguiente toma y la boquita de mi bebé (que no podía abrir lo suficiente para agarrar el seno correctamente),  él se agarraba con fuerza al pezón y lo succionaba, pero el agarre correcto debe agregar a la totalidad del pezón, una parte más amplia del seno (ver video). Mi esposo iba y venía entre el hospital y nuestra casa (que estaba a 5 minutos de camino) para traer cubos de hielo en bolsas isotérmicas, cubos de hielo que yo ponía entre guantes de baño (de toalla) y los aplicaba sobre mis senos después de la toma para adormecerlos y calmar el dolor. La pediatra que hizo la revisión de salida sugirió seccionar el frenillo lingual y ésto se hizo, pero el agarre no mejoró 100%. 

 

Una consultora de lactancia IBCLC, meses más tarde, diagnosticó un frenillo lingual tipo II y un frenillo labial tipo III. Según su diagnóstico, el frenillo lingual era tipo IV al nacimiento pero no había sido seccionado adecuadamente.

 

Para hacer simple, estos “frenillos” o “frenos” impiden no sólo abrir correctamente la boca, sino también la movilidad de la lengua necesaria para realizar una succión adecuada. El bebé hace tres veces más esfuerzo que un bebé normal al intentar mover su lengua y mamar, y se fatiga antes de haber saciado su hambre. Esto hace que las tomas duren una eternidad (más de una hora por ejemplo), que el bebé se duerma al seno (debido al cansancio del esfuerzo muscular), que no gane peso adecuadamente, que no pueda descansar pues todo el tiempo tiene hambre (ya que no logra satisfacerse) y además que trague aire continuamente al intentar desesperado sacar la leche que desea sin tener la morfología adeacuada para realizarlo. Este aire, entre otras cosas, le ocasiona gases y cólicos, que son los responsables de interminables despertares nocturnos (el bebé no duerme por franjas de 4 horas, ni siquiera de 2. Duerme por máximo 20 minutos, máximo media hora y de nuevo se despierta, molesto por sus gases y de nuevo con hambre. Un ciclo interminable y agotador para todos : para el bebé, para su madre y sin duda para el papá también).

 

Por razones personales yo decidí no realizar una segunda intervención, y ayudarme con el sacaleches para poder ofrecer a mi hijo un suplemento diario de mi propia leche, lo que además estimulaba mi producción. Y soporté los despertares nocturnos hasta donde mi cuerpo aguantó. Quizás no fue la mejor decisión a tomar, hoy mirando para atrás sé que otras soluciones hubieran podido considerarse, notablemente una segunda intervención quirúrgica para darle la posibilidad a mi hijo de mamar correctamente, y además el trabajo de reeducación con un osteópata. En fin, no se hizo, hoy día sé todas esas cosas, en aquel entonces no era el caso.

 

Poco a poco mi hijo empezó a depender menos de la leche materna con la introducción de sólidos (que le encantaron), y las tomas se hicieron cada vez menos su “plato principal” y más un “complemento” de su alimentación. Hacia sus dos años el hacía una toma en la mañana, otra en la noche, y un par más para la siesta. Quizás una o dos más si se hacía daño, se caía, estaba triste, enfermo, con frío o en un lugar desconocido.

 

Hacia sus tres años aparte de las tomas de mañana y noche sólo esporádicamente tomaba un poco para dormir su siesta, y luego cuando la siesta desapareció podía pasar toda la mañana y toda la tarde sin pedir. Yo practicaba el “no ofrecer, no negar“: si no pedía, yo no le ofrecía, si pedía no se lo negaba.

 

Cumplió cuatro años y manteníamos las tomas de mañana y noche, con algunas excepciones cuando retomé mis estudios  para convertirme en Doula ya que entonces a veces se levantaba y no me encontraba.

 

Y un poco después de su cuarto cumpleaños, para más precisión dos meses después, quedé embarazada por segunda vez. Por cierto fue él quién me dio la noticia pero no lo tomé en serio. Yo imprimí su primera ecografía y la tengo en mi nevera convertida en imán, cuando él me pregunta qué es la foto, yo le digo que es él, cuando era pescadito, en el vientre de mamá.

 

Así que un día hacia el final de noviembre del año pasado él me lanzó un “mamá, hay un pescadito en tu vientre“. Como dudaba mucho poder estar embarazada lo tomé como un juego. Pues no se equivocaba mi chiquitín, había bien un pescadito en mi vientre, que sin duda se había ya comunicado con él vía los sueños, si crees en esas cosas te recomiendo el libro “Les neuf marches – Un regard spirituel sur la grossesse et la naissance“, a mi me abrió los ojos a un universo de conocimiento fascinante.

 

Unas dos semanas después, ante las naúseas y el malestar, decidí comprar en la farmacia un test de embarazo y descubrí con sorpresa que mi chiquis no se equivocaba. Y un poco más adelante, las molestias al amamantar comenzaron. Mis senos comenzaron a hincharse, evidentemente. A prepararse para una nueva lactancia. Y la sensibilidad de los pezones se multiplicó X100. Mi hijo que me hacía “radioteta” como lo hacen muchos otros trotones (para estimular la bajada de la leche) de repente se sorprendió a ver que mamá se cubría el seno “sintonizado” con los ojos llenos de lágrimas. El dolor era insoportable. Y hacia el final del tercer trimestre comenzó a morderme. Supongo que le molestaba que cada vez hubiera menos leche e intentaba succionar con más y más fuerza para contrarrestar. Ahí nos tocó parar, yo suspendía la toma al sentir sus dientes. Varias veces le pedí no morderme y le expliqué cuánto me dolía. Un par de veces lloramos los dos. El de rabia de no tener más esa leche dulcecita que le gustaba tanto, y yo de no podérsela más ofrecer. Las últimas tomas no fueron muy gratas, quizás él quería ya terminar la situación y decidió morderme intencionalmente “a ver qué pasaba“. Yo enseguida me sobresaltaba y lo retiraba del seno, y él me decía “a dormir mamá“. Luego me pedía que lo tomara en mis brazos y lo acariciara, lo cual yo por supuesto hacía y lo sigo haciendo hasta hoy. Y así se duerme apaciblemente. Sin teta. O “titi“, como él la llamaba.

 

Para despedir al titi, compré un proyector de estrellas bastante bonito (y económico), así que ahora nuestro ritual de acostarnos es escoger de qué color queremos la proyección de estrellas y recostarnos en la cama a mirarla como si estuviéramos en el campo y las estrellas fueran de verdad. O lo dejo acostarse en mi regazo y sólo miramos las estrellas. A veces me hace preguntas acerca del día que acaba de terminar o del día que sigue, yo le pido que hable en voz baja y le recuerdo que es la hora de descansar. Poquito a poco habla menos y de repente no habla más. Y ahí descubro de nuevo mi “bebé”, mi bebé que ya no toma más teta pero que la disfrutó un buen par de años. Pero seguirá disfrutando mi amor, mi calor y mi presencia, por todo el tiempo que quiera. Y mi regazo que se hace más confortable con un vientre que se redondea cada dia más.

 

Bye-bye titi y gracias a mi Emilio por esta experiencia de lactancia, sin duda una de las más maravillosas de mi vida a la par con el haberme convertido en su mamá.

 

 

Nota : si los síntomas descritos aquí te hacen pensar que tu bebé podría tener un frenillo lingual o labial, no dudes en contactar una monitora LLL quien gratuitamente te puede dar más pistas al respecto y te recomendará consultar una IBCLC en caso de ser necesario.

 

 

5 comments to Bye-Bye Titi : una historia de destete

  • Dania Amador

    Muy linda historia. No se escribe mucho del destete, asi que genial que contaras tu experiencia. Un abrazo.

  • Tu testimonio arroja varios puntos claves; entre ellos el tema del frenillo, el destete amoroso, de que la madre no está sola y puede buscar ayuda profesional cuando algo no funciona bien con el amamantamiento y la capacidad de un niño de ver mas allá de lo que vemos los adultos, esa conexión con su hermanito antes que aun nadie lo supiera. Gracias por compartirlaQ

  • Mariana Petersen

    Hanny gracias por compartir tu historia, quizás lo que más me gustó es como encontraste una manera para seguir compartiendo ese espacio precioso al ir a dormir!
    La titi lo es todo pero si se tiene a mamá se puede dejar esa base sólida que fundamenta una nueva etapa, felicitaciones.
    Abrazos

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